Los 5 elementos

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En tiempos antiguos se dio mucha importancia a la comprensión de los elementos, puesto que se les consideraba los ladrillos de construcción del Universo.

Los Sabios de esos tiempos los vieron como un reflejo del universo. Estudiaron las estrellas y la naturaleza, y utilizaron la información que reunieron como un método para comprender a su Creador y sí mismos.

Actualmente nuestra vida está rodeada de tecnología y artificios pero aun así nuestra existencia se basa irremediablemente en la naturaleza. Pocos de nosotros se toman el tiempo para verdaderamente estudiarlos, pero si nos interesamos en conocer estas creencias antiguas, hallaríamos que la misma naturaleza contiene las claves de conocimiento interno sobre nuestra existencia, y la parte que desempeñamos en el gran Plan Cósmico.

Cada día nos calentamos con Fuego,
Nos bañamos con Agua,
Sentimos el Viento en nuestros cabellos,
Caminamos sobre la Tierra. 

Todos  los  hombres  existimos  como  éter  en  expresión  consciente

No somos conscientes de que estos mismos elementos se encuentran funcionando dentro de nosotros. Estamos hechos en base a las mismas sustancias y leyes, tanto interna como externamente. Los encontramos tanto físicamente como psicológicamente. Por analogía, una aproximación podría ser: 

CUBO

TIERRA

Estabilidad, soporte, firmeza, sustento

OCTAEDRO

AIRE

Pensamiento, creación, materialización, espacio

TETRAEDRO

FUEGO

Deseo, pasión, transmutación, calor

ICOSAEDRO

AGUA

Emociones, disolución, transporte

DODECAEDRO

ETER

Espiritu, vacio, esencia potencial

TIERRA   AIRE   FUEGO   AGUA   ETER

No somos conscientes de que estos mismos elementos se encuentran funcionando dentro de nosotros. Estamos hechos en base a las mismas sustancias y leyes, tanto interna como externamente. Los encontramos tanto físicamente como psicológicamente. Por analogía, una aproximación podría ser:

La sabiduría popular refleja este conocimiento intuitivo: Las Llamas de la Pasión (FUEGO) Ahogados por la Emoción (AGUA) La Brisa fresca de la Razón (AIRE) Sólido como una Piedra (TIERRA) Y hay muchas analogías más, si nos interesamos en pensarlas.

Mientras más estudiamos la naturaleza, y la comparamos con nosotros, más podemos saber y quizás aprender y a entendernos, y lo especial de nuestra propia individualidad. Llamamos al mundo en que vivimos “la Madre Tierra”

Observándolos podemos aprender de ellos. Intentar controlarlos es un error pues responden a fuerzas que están muy por encima de nuestra pequeña voluntad egocéntrica.

Pero si actuamos alineados con el “espíritu” y con el adecuado equilibrio, las posibilidades son infinitas.

¿Cuáles son los 5 elementos? ¿Por qué siempre están presentes en la literatura y la mitología? ¿Con qué se asocia cada elemento?

tierra

La tierra ( cubo )

Es el soporte de la vida, da la base a los demás elementos para “ser” en equilibrio. 

En equilibrio: parajes de exquisita belleza, sustento del mundo vegetal y animal, nutrición.

En desequilibrio: terremotos, los volcanes y derrumbes. También la devastación de la tierra acaba generando cambios en la fauna y la flora. 

La Tierra es estabilidad; es todas las cosas que nos traen nutrición, plenitud, y fertilidad. Es nuestra base y nuestra necesidad básica. La Tierra es el terreno bajo nuestros pies, la fundación sobre la que construimos nuestra vida. Es el centro de nuestro sentido común, nuestra sensualidad, y nuestros sentidos.

Por ella tocamos, saboreamos, olemos, vemos y oímos con nuestros ojos y orejas. La Tierra es verde. Danza en las hojas, en los campos, y en los setos. Colorea las plantas que surgen a la vida desde los fundamentos de la estabilidad. La Tierra es su fuente raíz, como lo es para nosotros. La Tierra es la media noche. Una oscuridad eterna, donde no podemos ver, pero somos obligados a percibir. Es la confiabilidad y la protección. El tiempo de conocer y comprender – la parte de nuestra vida donde el crecimiento empieza y finaliza.

Es el disco de la materialidad; circular, significando la redondez y plenitud de la naturaleza; el ciclo continuo de la vida; el fénix levantándose de las cenizas, el renacer anual de la tierra. La Tierra es invierno, donde todo aparenta morir, pero sigue viviendo bajo la superficie, debajo de la sólida corteza y en el moderado calor de la tierra.

La promesa de un nuevo nacimiento por venir con la primavera, cuando la savia sube por las raíces de todas las cosas vivientes.

La Tierra es confiable. Comprende la vida. Es la solidez del futuro, construido sobre los fundamentos del pasado. Es rica y oscura, fuerte e inmóvil. Contiene la sal de nuestras lágrimas y construye desde su refresco, pero puede quedar mustia por el calor de nuestro deseo.

Ella nutre la raíz, le da sustento a la felicidad que requerimos. Siente su textura en tus manos. Siente la energía que penetra por las plantas de tus pies, cuando corres descalzo por el césped.
La Tierra es estar en casa con uno mismo, integrado, sin obsesiones, fecundo y preparándose para todas las cosas. La Tierra es la Madre de la Fuerza, de la Justicia y de
la Ley, la base del mundo físico y el habitáculo del Espíritu en manifestación. 

La Tierra es más estable y más segura que el Fuego, porque ella es el sustento de la vida, así como nuestro soporte; de la misma manera sostiene la vida de una idea, de un deseo o un sueño.

Sin este elemento dentro de nuestra naturaleza, no habrían resultados de nada, puesto que sin acción, todo quedaría en los reinos de la imaginación. De todos los elementos, es el más fidedigno. Muchas personas buscan seguridad o compañía en animales, pero el tacto de la tierra bajo nuestros pies es la cosa más sólida y fiable que hay. La llamamos la Madre Tierra, por su hermoso Ser verde y fecundo no es una esfera inanimada de roca y piedra, sino el sustento de nuestras vidas. Y así como una madre, a menudo la tomamos por garantizada. La arrasamos, la quemamos y la aramos, pero siempre permanece.

Toma un puñado de tierra después de la lluvia, y toca la humedad en su textura. La tierra necesita del agua para evitar que se vuelva yerma y seca, y el agua es emoción, compasión y amor. Requerimos amor y emoción para permanecer estables y evitar que nos sequemos por dentro. La combinación es buena pero, mezclada con demasiada agua, se puede convertir en ríos de barro, ocasionando que nuestra estabilidad resbale. Compara las diferentes texturas de la piedra, la madera, el carbón de leña y la tierra y las diferentes fases desde el polvo al barro, o el fresco campo recién sembrado con otro sin arar y sin sembrar. Hay mucho que podemos deducir sobre nosotros mismos a partir de todas estas cosas, al vincular la Tierra con los otros elementos.

Es bueno descalzarse y tocar directamente con nuestros pies a la madre tierra,  percibe tu fuerza y buen humor cuando caminas sobre el césped o en la playa y atraes energía de la tierra. Seguro que lo has percibido más de una vez ¿Cuánta tierra hay en ti? ¿Eres confiable, sólido, fidedigno? ¿O estás acosado con preocupaciones emocionales, o deseos obsesivos? ¿Piensas demasiado, dejando que esto altere tu seguridad? ¿Sabes verdaderamente cuan fuerte y capaz eres? Demasiada cantidad de cualquiera de los otros elementos perturbará nuestra estabilidad; pero demasiado poco de ellos para atemperar la Tierra, ocasionará que nos volvamos inertes, aburridos e incapaces de adaptarnos al cambio.

aire

El Aire  ( octaedro )

Nutre y proporciona un espacio protector y habitable donde se manifiesta la vida.

En equilibrio: brisas cálidas o frescas, genera la bendición de la lluvia, protege de radiaciones del espacio…

En desequilibrio: ventiscas, vendavales, ciclones y huracanes. 

El Aire es pensamiento. Es movimiento, contacto, comunicación, y los impulsos de la mente. Es la flexibilidad de acción – lo rápido, lo alerta, lo chispeante y lo nuevo.

Se estira hacia afuera y hacia arriba, hacia abajo y hacia adentro. Es flotante, flexible, cede ante el estado de ánimo, y sin embargo es aún fuerte y persistente.

El Aire es primavera, la inocencia y la vibración del principio de una nueva estación, el brote de las hojas desde las semillas de la mente, y la fe en uno mismo, y la creencia en el propio destino. El Aire toca el color del Sol, y capta el pensamiento de la vida.

Es la respiración del ser vivo.

Si pudiéramos verlo, sería de color Amarillo. El Aire es hijo de la Sabiduría, nuevo en la vida, de ojos abiertos, expectante y apresurándose precipitadamente a la luz. A veces tormentoso, sopla, baila, fastidia, busca, pregunta, desarrolla y respira. Se esfuerza en aprender y enterarse. Puede rugir, aullar y atormentar.

Es el suave toque de la inspiración – la fresca brisa primaveral de la razón, danzando en nuestros cabellos cuando caminamos por el valle del descubrimiento. Tiene la inocencia de los corderos retozando en la colina, y el estallido súbito de la luz encima de la oscuridad del horizonte.

El Aire es la Espada de nuestra protección, un valiente retador a la voz de la emoción y del deseo. Crece, y en su crecimiento da nacimiento una y otra vez, lanzándose, arrastrando, haciendo olas en las aguas, ondula en los árboles de la tierra y abanicando el fuego del hogar en nuevas llamas. También puede cabalgar en la tormenta de su propia hechura. Sopla polvo en la cara de la estabilidad, convierte las ascuas en un furioso infierno y castiga las peñas en el mar, blanco con el rocío del ventarrón aullante de un amargo viento del este – la razón convertida en un disturbio.

El Aire es una idea, un pensamiento objetivo, una llamarada de inspiración e ingeniosidad. Es el brillo del genio, o la inquieta agonía de una mente atormentada. Es el nacimiento de la comunicación, que yace en el Este, donde la fe y el día empiezan. El Aire es el alba de la conciencia a través de las brumas de la inocencia, y es el heraldo de la Inteligencia del Espíritu cuando respira sobre la tierra.

 

fuego

El Fuego  ( tetraedro )

Es uno de los más especiales por ser un fenómeno de transmutación. 

En equilibrio: purificador por medio de la incineración. Se ha utilizado para ofrendas en muchas civilizaciones. El fuego permite soldar distintos metales y elementos. El fuego muchas veces se asocia con la magia y la unión: Fuegos de campamento, hogueras de amigos, escenas tórridas frente al fuego…

En exceso: quemaduras, edificios en llamas, explosiones, quemas de bosques y en tempestades de rayos y centellas. También en el uso de armas de fuego, bombas… 

A un nivel más sutil podemos profundizar en nuestra relación con los elementos, necesitamos tomarnos el tiempo para estudiarlos e intentar relacionar su conducta con lo que ocurre dentro de nosotros. Veamos ahora una aproximación basada en la analogía para descubrirnos un poco más.

El Fuego es deseo. Es entusiasta, calentador, apasionado, emocional, indomable, la más poderosa manifestación de la energía, porque él representa la fuerza del Espíritu. Es una llama que palpita, o una llama que destruye. . . Brilla en el Sol. Danza en el Fuego del hogar, atrae el ojo, y el deseo. Da color a la sangre. Es el pulso de nuestro ser.

El Fuego es rojo. Es el calor moderado que mueve con deleite la tierra; el ansia por vivir, la luz por la que vemos.

Dinámico, movible, lleno de chispas, atrevido, vital, inteligente en su urgencia. El Fuego es activo, se eleva. Es el principio de la vida. Su esencia es la vida, calienta, compele, excita, propulsa con entusiasmo. Ama la pasión de la juventud. El Verano es Fuego – el silencioso pero penetrante latido del corazón de la creación. Es vida en su plenitud. El Mediodía es Fuego, cuando el Sol quema más fuerte. Es estar de pie con los brazos estirados hacia el dador de vida, de luz y calor que fluyen hacia abajo – un acción de gracias a la alegría, la felicidad y la maravilla de juventud. El Fuego es el Cetro de nuestro nacimiento.

Es la intrepidez y la irreflexión del joven. Es el salto de deleite salvaje, el bullicio de la excitación. El Fuego yace derretido en el centro de la tierra, pero tiene el poder para abrirse paso a través de la corteza. Es nuestro impulso incontenible, nuestro calor, nuestra fiebre, nuestra pasión por amar u odiar.

agua

El Agua ( icosaedro )

Es la creadora de la vida, con maravillosas propiedades de limpieza y renovación.

En equilibrio: purifica al cuerpo físico, es un gran agente limpiador y equilibra las condiciones climáticas. Productor de las cosechas.

En desequilibrio: inundaciones, sequías, naufragios. 

El Agua es emoción, sentimientos, sueños y alimento del corazón. Refresca, enfría, es húmedo, fluido, pesado y misterioso, toma la forma de cualquier cosa que lo contiene. El Agua es el alimento de la vida, y esencial para la vida, puesto que todas las cosas emergieron del mar. El Agua apaga la sed de la Tierra hecha estéril por el Fuego y el Aire. El Agua es serenidad. Es azul, claro y pasivo, pero se cuela por las grietas de nuestras defensas.

Fluye con nuestro humor, y no se puede agarrar, ya que se resbala por las manos. Es la rápida corriente de un arroyo, la ligera espuma a lomos de las mareas del océano. Puede corroer y ahogar. Empero también es la apacibilidad de las ondas en un lago de cristal. Mueve, mengua, fluye, limpia, alivia.

El Agua es crepúsculo – el Sol, sombreado en el oeste, y la líquida luna de plata, escalando lentamente para reclamar el cielo oscurecido de las sombras. Es otoño – el temblor de las hojas a medida que pasa el ánimo del verano.
El Agua es Madurez, la hermana de Sentimiento. Cambia. Ajusta. Es el azul jade de la depresión, y el tinte sutil, pasivo de la alegría.

Es nuestro ser astral. Es empujado e inspirado por los vientos del aire, absorbido en la plenitud de la Tierra, pero en una tormenta amenaza con ahogar el Espíritu, la energía, el deseo de la vida. Porque el Agua escupe en la cara del Fuego.

Sólo el Agua puede traer la santidad del amor verdadero, el balance de la armonía. Es engañoso, sutil y huidizo. Tiene fuerza y poder, ritmo y ciclo, caridad y compasión.

Es el espejo brumoso de los instintos subconscientes de nuestro pasado, y nuestra necesidad consciente del futuro. El Agua es el murmullo secreto de nuestro corazón, y la reflexión gentil del Espíritu en manifestación.

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El Eter ( dodecaedro )

Es el vacío, la no forma, potencialidad infinita de donde surge el impulso primordial de toda manifestación.

Es el soporte y sustento de los demás elementos y se le intuye con claridad en cualquier expresión de Vida, amor, creatividad, energía, luz, consciencia.

Podemos atestiguar sus efectos pero no profundizar en sus causas, un misterio completamente insondable e inexplicable para nuestra razón.

Es la fuerza viviente. ¡Somos Eter!. La misma chispa de vida, somos divinos. ¡Vivimos! 

La energía del éter es la fuerza que fluye constantemente desde las profundidades del Universo, uniendo al hombre con la Creación.
Se dice que se encuentra en los espacios huecos del cuerpo humano, incluido el centro de la columna espinal, las venas, las arterias, los nervios, los órganos internos y las distintas cavidades corporales, representan el elemento éter. De hecho se encuentra en todas partes, porque es el inmeso espacio que se encuentra entre las partículas subatómicas, y entre las estrellas del universo.
Los tres polos eléctricos del cuerpo asociados al éter son: la cabeza (+), el sacro(neutro) y el arco plantar de los pies (-).
El éter es, podríamos decir… una substancia extremadamente ligera que ocupa todos los espacios vacíos como un fluido.

No se percibe con los sentidos, como el pez no percibe el agua donde vive.

El éter atrae y favorece el pensamiento mágico y todo lo relacionado con la espiritualidad y el misticismo.
Para algunos alquimistas el éter era la quinta esencia o quinto nivel de vibración.
Según Aristóteles el éter es una substancia divina e indestructible. su espacio natural es el universo, donde se forman las estrellas y otros cuerpos celestiales.

El Éter era el alma del mundo y toda la vida emana de él.

Eter es la energia de la que somos hechos con la que estamos conectados

Shamanes, indios, brujos antiguos (mediante rituales se conectaban a esta energia y podían pedir favores, indicaciones o como curar a alguien de alguna enfermedad), quien recuerda a los indios con sus danzas de la lluvia para atraer el agua, algo que sonaba bastante loco, ahora no lo suena tanto. Esta “esencia” está disponible de forma infinita para toda consciencia lo suficientemente elevada o abierta, como para sintonizar con ella.

 

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El Plasma, cuarto estado de la materia.

Cuando se habla de los estados de agregación de la materia, casi todo el mundo piensa sólo en sólidos, líquidos y gases. Pero resulta que estos tres estados sólo constituyen el 1% del total de la materia que, por el momento, sabemos que contiene el Universo. ¿Alguien habría dicho que en el Universo casi toda la materia es algo denominado plasma, que no es ni sólido, ni líquido, ni gas? ¿Pero qué es exactamente el plasma?El Plasma, cuarto estado de la materia, que rompe con los esquemas tradicionales que desde los primeros años de estudio nos inculcan para el conocimiento de los estados de la materia Sólido, líquido y gaseoso. Es a raíz de una serie de investigaciones en el campo de la física astro física y física del plasma, que se comienza a desarrollar la teoría hacia una nueva concepción de la materia.
En los sólidos, los átomos y moléculas se hallan dentro de una formación definida, dado que una característica de los sólidos es su forma. En los líquidos las partículas tienen movilidad, pero están confinadas a un espacio que ocupan y su libertad es limitada.

En los gases las moléculas se trasladan libremente, pero en los átomos los electrones están contenidos en las orbitales limitadas por las leyes de la mecánica cuántica. El plasma presenta características propias que no se dan en los sólidos, líquidos o gases, por lo que es considerado otro estado de agregación de la materia. Como el gas, el plasma no tiene una forma definida o un volumen definido, a no ser que esté encerrado en un contenedor; pero a diferencia del gas en el que no existen efectos colectivos importantes, el plasma bajo la influencia de un campo magnético puede formar estructuras como filamentos, rayos y capas dobles. Sin ir más lejos, el Sol es, en sí mismo, un plasma gigantesco.

Para ver un plasma, de hecho, con una vela y una cerilla tenemos suficiente. La corona anaranjada que a veces se observa en la llama de una vela es producto de la disociación e ionización de las moléculas del aire y constituye un plasma de baja densidad y temperatura.

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